La historia del Centro de Jardinería El Olivar es, ante todo, la historia de nuestro padre.
Un hombre que dedicó su vida a la naturaleza, al trabajo bien hecho y a las plantas que tanto amaba.
Con apenas 25 años, comenzó trabajando en mantenimiento de jardines y trabajos de jardinería. Aún no existía el vivero, pero ya tenía claro que su camino estaba entre árboles, flores y tierra. Aquella pasión fue creciendo poco a poco hasta que, unos años más tarde, junto a sus hermanos, abrió un pequeño vivero en un terreno que un promotor inmobiliario les cedió temporalmente.
Aquella fue la primera semilla de lo que hoy es Centro de Jardinería El Olivar.
Sin embargo, la vida le puso delante uno de los momentos más duros. Cuando el terreno tuvo que destinarse a la construcción de viviendas, compraron otro en la zona sur de Colmenar Viejo. Pero cuando falleció el propietario que se lo había vendido y aún no existía escritura pública, su hermano mayor aprovechó la situación y lo puso a su nombre.
Nuestro padre se quedó sin nada.
Todo el esfuerzo, el trabajo y la ilusión que había puesto en aquel proyecto desaparecieron de un día para otro.
Pero nuestro padre nunca fue una persona que se rindiera.
Con enorme sacrificio, con mucha fatiga económica y con una determinación increíble, en 1980 consiguió comprar el terreno donde hoy se encuentra nuestro vivero. En aquel momento no era más que un secarral.
No había vivero.
No había instalaciones.
Solo tierra.
Nuestros padres empezaron desde cero, trabajando día tras día para transformar aquel lugar en lo que hoy es el Centro de Jardinería El Olivar.
Nosotros éramos apenas unos niños cuando vimos cómo lo levantaban todo con sus propias manos. Por eso hoy sentimos un orgullo inmenso por ellos y por todo lo que consiguieron con tanto esfuerzo.
Para nuestro padre, el vivero no era simplemente su trabajo.
Era su paraíso.
Amaba cada planta que había en él. Las conocía, las cuidaba y las enseñaba a cuidar a quienes venían a visitarnos. No hay casi un día que alguien no entre al vivero y nos pregunte por él, recordando cómo les ayudaba, cómo les enseñaba y también cómo les regañaba con cariño cuando no trataban bien a sus plantas.
Nuestro padre nació el 15 de noviembre de 1943 y nos dejó físicamente el 22 de enero de 2022.
Decimos físicamente porque aquí sigue estando.
Está en cada rincón del vivero, en cada árbol que plantó, en cada planta que seguimos cuidando y en cada cliente que todavía lo recuerda.
Somos cuatro hermanos, aunque hoy en el vivero trabajamos tres: Manolo, Arancha y Begoña, continuando el camino que nuestros padres comenzaron hace tantos años.
Nuestra madre sigue con nosotros en el vivero, acompañándonos cada día con toda su experiencia y sabiduría… y guiándonos como siempre lo ha hecho.
También están sus cuatro nietos: Alejandro, José Manuel, Gabriela Mariana y Julia, que forman parte de esta historia familiar que sigue creciendo.
Hoy seguimos cuidando el vivero con el mismo cariño con el que nuestros padres lo levantaron.
Porque Centro de Jardinería El Olivar no es solo un lugar lleno de plantas.
Es el resultado de una vida de esfuerzo, de amor por la naturaleza y de una familia que nunca dejó de creer en lo que había sembrado.
Y cada día intentamos honrar ese legado. 🌿